El teatro Arnau, la catedral del cabaret de Barcelona.

El edificio del teatro Arnau es el único teatro del Paral·lel cuya estructura sigue intacta desde principios del siglo XX. El resto han sido derribados, reformados o reinterpretados, pero nuestro Arnau sigue en pie y se ha convertido en la huella de una avenida de teatro, arte y golfeo que ya no volverá y que esperamos que los oleajes de la modernidad no acaben por borrar. Pura historia de Barcelona.

 

El origen del teatro Arnau

En el solar del Arnau hubo una taberna y una sala de billares que funcionó a lo largo de la última década del siglo XX. En 1903 se construyó el edificio actual y pasó a ser un teatro que, con el tiempo, se convirtió en un espacio de artes escénicas de prestigio y renombre. A pesar de su exterior austero y funcional, el interior del Arnau era cálido y cargado de madera, una sala de platea más o menos circular y palcos para los más acomodados.

El teatro Arnau –llamado así por el apellido del empresario que lo impulsó, Jaume Arnau– inició sus andaduras con el music-hall, la zarzuela y otros géneros musicales y, a partir de 1910, también incluyó los dramas y los vodeviles que eran tendencia en la avenida. En su interior actuaron actrices de renombre como La Xirgu y la Bella Chelito y allí debutó, en 1911, una de nuestras estrellas más internacionales, Raquel Meller. Si te apetece imaginar cómo era el teatro por aquel entonces, comparto un fragmento de La avenida de las ilusiones, novela basada en la historia de la avenida del Paralelo:

 

El Arnau tenia una fachada sobria, lisa y con dos hileras de ventanas, una de cuatro y otra de seis, que exhibían dos rombos en las vidrieras. En ella colgaban unos llamativos carteles hechos de lona que cambiaban antes de cada función. La austeridad exterior chocaba con la calidez del interior.

La estructura de madera creaba una atmósfera especial, personal, casi salvaje. Sillas acolchadas en la platea y bancos en la balconada que formaba un palco octogonal. Los listones del suelo daban a las pisadas una característica propia, un ruido bello y contundente que anunciaba la llegada o la salida de los espectadores. El escenario, a metro y medio del suelo, culminaba en un arco de yeso decorado con relieves florales. El Arnau me parecía un lugar hogareño, aunque no sabría argumentar esa impresión.

 

 

En 1915 lo rebautizaron como El Folies Bergère para seguir la moda francesa que se estaba instaurando en la avenida debido a la I Guerra Mundial. Conocido como el “Folis”, mantuvo la línea teatral pero volvió al cabaret y al music-hall y, con el tiempo, incorporó el tango en su programación. El Arnau era una símbolo de la avenida, una catedral de música y teatro al que los barceloneses miraban con orgullo.

En la década de los treinta se fue convirtiendo paulatinamente en una sala de cine, pasándose a llamar, finalmente, Cine Arnau. Volvió a ser un teatro de variedades en los ochenta y, debido al declive el género, tuvo que cerrar en el año 2004. Actualmente pertenece al ayuntamiento y sigue pendiente una reforma que parece que nunca llega.

 

El peñón, delante del teatro Arnau

La placita que queda delante del Arnau y sus alrededores –los bares como el retiro o el Quiosco Gayarre, el cabaret Pompeya, el Café Español o el Teatro Español– era conocida como «El Peñón». Ese punto de la avenida era importante porque cruzaba con Conde del Aslato –actual Nou de la Rambla–, una calle llena de cabarets y prostíbulos que conectaba el Paralelo con las Ramblas. El Paralelo, lugar eminentemente obrero, y las Ramblas, espacio donde convivían los teatros burgueses, eran dos mundos diferenciados que convergían en ese Peñón.

Punto de encuentro de los Barceloneses que quedaban para tomar algo, era frecuentado por carteristas y todo tipo de timadores –desde trileros hasta vendedores de crece pelo–, canallas que buscaban beneficio de las personas que se daban encuentro en ese espacio. Caminar por el Peñón significaba rechazar bebidas ofrecidas por vendedores ambulantes, flores, animales, favores sexuales… Un ecosistema propio, una lugar donde la vida y la supervivencia circulaban sin desdén, presidido por el arte que se ofrecía sobre el escenario del Arnau. ¿Os imagináis vivir en aquella época?

 

Proyecto de reforma del teatro

 

Por supuesto si queréis leer más sobre la época, en la novela encontraréis un apasionante historia en la que se relatan todos los tratos, géneros teatrales y cafés de la época, La avenida de las ilusiones, publicado en Grijalbo, –también en catalán, L’avinguda de les il·lusions, en Rosa dels vents–.

La avenida de las ilusiones

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