Raquel Meller

Raquel Meller, una artista de talla internacional

Raquel Meller fue la Rosalía de los años veinte. Es un inicio amarillista, lo sé, pero me parece una comparación adecuada. Vamos a ver por qué. Cuando usamos conceptos como «estrella internacional», normalmente pensamos en cantantes que han triunfado a partir de los años ochenta hasta nuestros días. Sin embargo, durante el siglo XX han existido muchas cantantes conocidas mundialmente y Raquel Meller es una de ellas. Ella fue la reina de la canción durante muchos años y murió olvidada como esos cafés que se enfrían sobre la mesa de una terraza en enero.

 

Los orígenes de Raquel Meller

Francisca Marques López, conocida como Raquel Meller, nació en Tarazona en 1888 y pasó su infancia con una tía en Francia. Cuando volvió a España, se asentó en Barcelona donde su familia se había instalado. Trabajó en un taller de confección donde coincidió con la actriz Marta Oliver, artista que vio su potencial. Gracias a su mano, Raquel debutó en teatros menores con el sobrenombre de la Bella Raquel, pero no fue hasta el otoño de 1911, cuando debuto en el teatro Arnau del Paralelo de Barcelona con el nombre de Raquel Meller. Su éxito a partir de aquel momento fue meteórico: público y crítica la adoraban. Incluso Eugeni d’Ors le dedicó unas glosas en La veu de Catalunya por una de sus primera actuaciones. De hecho, relato una de sus primeras actuaciones en mi novela La avenida de las ilusiones:

«Francisca, vamos al Arnau. Por lo visto actúa una artista nueva que ha dejado deslumbrados a crítica y público. Se llama Raquel Meller y debutó hace poco. Dicen que su «Ven y ven» es incluso más atrevido que el de La Fornarina. Para que en- tiendas el revuelo que causó su primera actuación, Eugeni d’Ors le dedicó una de sus glosas en La Veu de Catalunya. Estoy seguro de que te va a encantar

Raquel pronto se hizo un lugar en el mundo del cuplé. Popularizó canciones como La violetera o El relicario –ambos musicados por José Padilla– y fue la primera cupletista, en 1917, que cantó en catalán –La font del Xirineu, de Rossend Llurba–. Al cuplé se lo consideraba el «género infimo» antes de que ella lo adoptara como su canción favorita, sin embargo, ella elevó el interés del género y consiguió que trascendiera a las clases dominantes. A lo largo de su carrera grabó más de 400 discos con la firma Odeón y viajó por todo el mundo. Raquel también destacó en el teatro lírico, siendo la zarzuela uno de los géneros que dominó. La gatita blanca es uno de los grandes éxitos de sus inicios con la que arrasó en la Sala Imperio y en el Pabellón Soriano.

 

La Raquel Meller internacional

Cantó en Chile, Argentina, Francia… en 1926 hizo una gira por Estados Unidos y fue portada de la revista Time americana, todo un hito que la catapultó al escenario internacional. En los años treinta se mudó a París donde actuó en el Olympia y, por aquel entonces, llegó a ser más famosa que Gardel y amasó una fortuna sustancialmente más grande.

 

 

Raquel era conocida por su belleza de corte burgués, por sus maneras finas y por su porte sobre y fuera del escenario. Comparto de nuevo un fragmento de La avenida de las ilusiones para ejemplificar el aura que desprendía:

 

«Deambulé por la sala cual cachorrillo indefenso hasta que me encontré cara a cara con Raquel Meller. Sí, actué torpe y muy nerviosa. A aquella mujer la rodeaba una atmósfera que te atraía irremediablemente. Su belleza era inusual a la par que sensual y escandalosa, y sus ojos te observaban desde una posición retadora. Los pómulos se pronuncia- ban sobre una barbilla que no acababa de ser ni angulada ni redonda. La nariz oscilaba entre toques respingones y discretos.

Los ojos rasgados, las cejas imponentes y la boca pequeña pero cargada de intención. Dos personas podían llegar a des- cribirla con palabras contradictorias y, aun así, no faltar a la verdad. Ese era el acierto de su atractivo. En pleno invierno, Raquel no dejaba aparcado uno de los abanicos enormes que tanto la caracterizaban, ni le hacía ascos a la copa de vino que sostenía con la otra mano. Se tapaba el hombro descubierto con un mantón de lana de un verde esmeralda.»

 

Raquel participó en muchas películas como Los arlequines de seda y oro (1919), Violetas imperiales (1923), Ronda de noche (1925), Carmen (1926), etc. Cuenta la leyenda que Chaplin la quería para protagonizar Luces de la ciudad, pero a Raquel no le caía bien Charles y por eso se negó a trabajar con él. No en balde, en la banda sonora aparece una versión musicada de La violetera.

Si quieres descubrir más cosas sobre Raquel y su mundo, y, sobre todo, sobre el la cultura y el teatro de los años diez, te invito a leer La avenida de las ilusiones. La novela está protagonizada por una aspirante a vedete que le seguirá los pasos. Y si la llegas a leer, ¡coméntame qué te ha parecido aquí!

 

La avenida de las ilusiones

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