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Personajes: cómo desarrollar su ADN

Los personajes son entes con razón y vida propias. Muchos escritores desarrollan en detalle a sus personajes antes de empezar a escribir. Y, luego, éstos crecen y evolucionan frase tras frase. Eso es parte de la magia de la escritura. Por mucho que pensemos, nuestras propias ideas nos acaban sorprendiendo.

Pertenezco a la escuela “pensar antes de escribir”. Pero también defiendo que, durante la escritura, tenemos que dar rienda suelta a la improvisación. Esa es la combinación perfecta: si nuestra historia se dirige de un punto A a un punto B, nuestra novela llegará a buen puerto. Pero los caminos entre esos dos puntos son infinitos. Podemos tomar desvíos mientras escribimos. Y es que la solidez que nos aporta conocer a la perfección ese punto B es clave para escribir una novela.

Propongo una técnica para diseñar el ADN (Acción, Discurso, Naturaleza) de todos nuestros personajes. Son tres pasos que nos ayudarán a construirlos al nivel que deseemos.

 

Personajes: pasemos a la acción

En nuestro día a día conocemos nuevas personas. Éstas no se describen solo conocernos. Un compañero de trabajo no se presenta a sí mismo diciendo: “Hola, soy Jorge. Soy decidido aunque vulnerable y trabajo muy bien en equipo”. Todo lo contrario. Cuando conocemos a alguien, lo primero que apreciamos son sus máscaras. Luego, con el tiempo, los vemos actuar en diferentes situaciones y es ahí cuando empezamos a conocer su verdadera naturaleza.

Ésta es una de las claves a la hora de crear y presentar personajes. La literatura moderna huye de las tediosas descripciones de carácter. Los personajes deben darse a conocer mediante acciones, actuando más que hablando. Si María, nuestra protagonista, es decidida, no lo contaremos usando ese adjetivo. Pongamos que es doctora: quizá nuestra historia empieza en urgencias. Llegan dos pacientes en estado crítico y María no vacila en decidir a cuál atenderá primero.

¿Cómo usamos las acciones para crear nuestros personajes? Fácil. Cuando empezamos a desarrollarlos, en general, tenemos un dibujo mental de cómo son o van a ser. Para empezar, es práctico pensar en situaciones en las que deban desenvolverse. Pongamos que María es, ahora, una monja que acaba de colgar los hábitos. Mientras va al súper, presencia un accidente de monto. ¿Cómo reacciona? En efecto, sacaremos conclusiones que matizarán aspectos concretos de nuestros personajes. Y, jugando con las situaciones, incluso encontraremos ideas para escenas concretas de nuestra novela.

De hecho, si tenemos tiempo y estamos creativos, podemos escribir cuentos con esas situaciones y empezar a jugar. Incluso podemos cambiar el género narrativo o la época y ponerlos a prueba de mil maneras.

 

Personajes: su discurso los define

Cuando conocemos a una persona, su habla nos da mucha información sobre quién es y de dónde procede. En el fondo, uno de los grandes problemas de los escritores noveles es conseguir que cada personaje se exprese de una manera propia y diferente al resto. Si construimos el discurso de un personaje antes de sumergirnos en su psique, entraremos a él o ella de una manera más sencilla.

¿Por qué? Pues porque cómo nos expresamos, qué palabras usamos o cómo explicamos una anécdota en concreto dice mucho sobre cómo funciona nuestro cerebro. Es por eso que pensar qué palabras usa más habitualmente y cuáles no usaría nunca; si se expresa con frases largas o cortas; si da muchos rodeos o va al grano, construirá parte de ese ADN que estamos intentando crear.

Volvamos a la María doctora y a la situación de dos pacientes graves. Una vez que ha tomado la decisión. ¿Cómo lo comunica a sus compañeros? ¿Consulta, justifica u ordena? ¿Lo comunica directamente o da rodeos? Todas estas decisiones nos dan información sobre cómo es nuestro personaje al principio de la historia.

Construimos arcos argumentales en los que nuestros personajes evolucionan. Pero no sólo debemos propiciar cambios en su manera de actuar. Si al principio de la novela vemos cómo María comunica su decisión de una manera directa, seca, áspera y sin tener e cuenta las opinión o la sensibilidad de su compañeros; es posible que al final de la historia, ante una situación parecida, su discurso sea completamente diferente. Exacto. Su habla se ha transformado con ella. Hemos construido un personaje verosímil. Chapó.

 

Personajes: listos para desarrollar su naturaleza

Los dos puntos anteriores no dejan de ser herramientas para que reflexionemos sobre nuestros personajes. Muchas veces no sentamos a escribir descripciones de, por ejemplo, nuestros protagonistas y caemos en tópicos que realmente nos ayudan. Ahora hemos hecho dos ejercicios que los han puesto a prueba (acción y discurso). En efecto, estamos preparados para desarrollar la verdadera naturaleza de nuestros personajes.

¿Cómo? Podemos escribir descripciones más o menos breves que definan su carácter, habla, pasado, presente y futuro y que nos sirvan como guía cuando escribimos. También podemos recurrir al viejo truco de las fichas de personajes. Se trata de elaborar un perfil a partir de un conjunto de preguntas que nos ayudan a reflexionar sobre muchos aspectos de sus vida. Desde entender cómo practica el sexo hasta saber por qué vota a un partido político u otro.

Siempre es bueno y óptimo profundizar en todos los aspectos de su existencia. Pero dependiendo del género que escribamos, haremos más hincapié en uno u otro. Si escribimos chick lit, nos fijaremos más en su relación con su cuerpo y la moda. Si escribimos un thriller, prestaremos más atención en sus miedos.

Sigamos estos pasos y conseguiremos un alto nivel de conocimiento sobre nuestros personajes. Este trabajo más una buena trama y un estilo adecuado a nuestra historia… ¡best seller a la vista!

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