escribir una novela

Mi novela. ¿Por dónde empiezo?

A muchos nos gustaría escribir una novela. Pero llega el día de la verdad y aparece ese gran temor: no sé sobre qué escribir. Los lectores piensan que los escritores tienen siempre una historia en mente, pero nada más lejos de la realidad. A veces necesitamos recursos para encender la mecha de nuestras ideas.

Entonces, ¿por donde empezar? Existen maneras diferentes para lograrlo. Vamos a ver cuatro que pueden ayudarnos a definir qué historia queremos escribir.

 

Novela a partir de imágenes

Dicen que Ridley Scott vio un cuadro de un emperador romano con el pulgar hacia abajo y esa fue la imagen que inspiró Gladiator. Verdad o no, las imágenes son una fuente de inspiración poderosa. Dibujos, fotografías o cuadros pueden estimular nuestra creatividad de mil maneras.

Por ejemplo, imaginemos que vemos una fotografía de Joan Colom con uno de los mil personajes del Raval de Barcelona que fotografió. Podemos imaginarnos quién es, qué hace y cómo ha llegado al instante en el que el fotógrafo lo/la inmortalizó. Toda imagen esconde una historia. Los grandes narradores saben cómo extraerla.

escribir una novela

Foto de Joan Colom

Al margen de las evocadoras imágenes que podemos encontrar en el exterior, miremos hacia dentro. Es posible que no tengamos una historia completa, pero sí la imagen mental de una escena, un momento. Aprovechémoslas. A veces pueden convertirse en un final, un principio, un clímax, el gran secreto del pasado de un personaje que se deja ver entre líneas…

Chuck Palahniuk visualizó un club de la lucha. Esa imagen inspiró un relato breve que se publicó en el recopilatorio Pursuits of Happiness. Ese relato se convirtió en el sexto capitulo de El Club de la Lucha (1999), la novela que lo dio a conocer.

 

Novela a partir de un tema

Antes de pensar qué queremos contar, podemos pensar sobre qué queremos hablar. Son los cimientos indispensables de todas las narraciones. De hecho, Enrique Paéz lo define en Escribir, manual de técnicas narrativas como “un común denominador de una historia que aparece una y otra vez en una narración”.

Así pues, ¿qué tema nos mueve? ¿La injusticia social? ¿La hipocresía de una clase social? ¿El feminismo? ¿El amor prohibido? ¿La supervivencia? Una vez escogido podemos escribir una novela siguiendo la siguiente lógica.

  • Escojamos una época histórica.
  • Decidamos bajo qué punto de vista queremos abordar el tema.
  • Escojamos quién es nuestro/a protagonista/a.
  • Decidamos qué suceso hace que le cambie la vida (detonante).
  • En definitiva, desarrollemos la historia.

Realmente, cuando escogemos un tema también nos estamos enamorando de un punto de vista. Seguramente, si es algo que nos toca de cerca, nos apasionará.

 

Novela a partir de un sentimiento

Una manera diferente de trazar una historia consiste en pensar un sentimiento con el que nos identifiquemos. Una vez escogido, podemos articular una narración que remita a ese sentimiento.

Y es que plantear una novela de este modo puede llegar a impregnar tramas, tipologías de personajes, el tiempo de la novela… Pensemos, por ejemplo, en un escritor internacional de bestsellers como Murakami. Todas sus novelas tienen en común esa nostalgia que atraviesa en diagonal sus páginas. ¿Nuestro sentimiento principal es el amor? ¿La ira? ¿El odio? ¿La solidaridad? El mecanismo que recomendamos, en este caso, es diferente.

  • Primero escojamos a nuestro/a protagonista. No necesitamos su historia aún, solo un dibujo de quién es y por qué desprende ese sentimiento.
  • Luego, definamos los espacios por los que se mueve. ¿Cómo son? ¿Qué le puede suceder en ellos?
  • En función del tipo de sentimiento, decidamos qué tipo de detonante explicaremos. Si es ira, ¿el detonante supone el inicio de una venganza? Si es amor, ¿la primera vez que se cruza con el objeto de su deseo?
  • Ahora, cerremos el arco. ¿Cuál es el final? ¿Hacia dónde va nuestra historia?

Concretados estos elementos, ya podemos desarrollar el resto. Habremos definido un tono que marcará el estilo y la dirección de esta novela.

 

Novela a partir de un espacio

Pensemos en Satis House, la mansión de Miss Avisham de Grandes Esperanzas de Dickens. O el barrio de Nápoles de la saga Dos amigas de Elena Ferrante. O en la habitación donde Dorian Gray guarda su retrato. O en la California que describe Susan Sontag en su novela En América.

De hecho, Silvia Adela Kohan en Para escribir una novela, define los espacios como elementos narrativos multifuncionales: son “localizadores de las historias, hilos conductores, estímulos creativos, núcleos de sentido, creadores de atmósferas, transmisores de los sentimientos de los personajes…

Hemos enunciado varias espacios claves para el desarrollo de esas historias. Todos, ya sea porque condicionan las historia, transmiten un estado de ánimo, una idea, el destino o la infancia de un personaje… son una parte vital de la trama. Los espacios pueden ser, pues, motores para crear novelas. En tu barrio puede suceder una historia única. O en esa ciudad en la que viviste un año. O en esa nave espacial que existe en tu imaginación. Piensa, ¿qué lugares conozco que sean especiales? ¿Que nos evoquen emociones o historias?

Si no conocemos a fondo esos espacios:

  • Podemos imaginar a sus habitantes, quiénes son, qué problemas tienen, qué historias se esconde tras sus ojos.
  • Otra opción consiste en pensar personajes que a priori no tienen relación con ese lugar. ¿Por qué van a parar allí? ¿Hay un impacto cultural? ¿Los han obligado a estar allí?

 

 

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