ley de fugas

La ley de fugas o cuando la policía podía matarte si huías

Alguna vez has pensado, ¿cómo puede ser que eso fuera legal? Existen numerosas situaciones de nuestro pasado que nos escandalizan pero que, en su momento –y a pesar de que eran aborrecidas por muchos de los ciudadanos contemporáneos–, formaban parte de la legalidad. Es el caso de la ley de fugas.

La ley de fugas

El 20 de enero de 1921, con Eduardo Dato como presidente del Consejo de ministros, se aprobó la deleznable ley de fugas que permitía a la policía disparar a matar a todo aquél que intentara escapar durante una detención o traslado. Dicha práctica ya existía desde el reinado de Fernando VII, quien promulgó una medida parecida para frenar el bandolerismo surgido tras las desamortizaciones de los bienes comunales y de realengo. Fue a partir de la fecha antes citada cuando se abusó de le ley hasta cuotas inimaginables.

Imagen de la película la Sombra de la ley, que relatan el fenómeno

 

La aplicación de la ley de fugas

La ley daba cobertura a los asesinatos perpetrados durante un intento de fuga por parte de las “fuerzas del orden”, así que la medida se convirtió en la tapadera perfecta para la guerra sucia que la policía, el ejército y gobernación ejercieron contra los sindicatos en la Barcelona de la época. Era frecuente que “simularan” fugas de presos o sospechosos habituales durante una detención –muchas veces sin pruebas– o un traslado de una comisaría a una prisión. Así se ocultaron un sinfín de ejecuciones de opositores que, inocentes o no, fueron liquidados sin un juicio de por medio ni la posibilidad de defenderse.

El uso abusivo de la Ley de fugas

Algunas figuras con poder la tomaron como una práctica habitual. En plena época del pistolerismo, ese fenómeno que duró entre 1917 y 1923 y que enfrentó a la patronal y la policía con los sindicatos en una guerra ideológica que acarreó un sinfín de heridos y muertos, se nombró gobernados al militar Severiano Martínez Anido. Anido hizo uso de su cargo con mano de hierro y ejecutando un sinfín de tretas de dudosa legalidad. Una de ellas fue justamente esta, la aplicación de la ley de fugas a diestro y siniestro, provocando la muerte de centenares de sindicalistas –muchos de ellos después de ser torturados y obligados a ser trasladados en plena noche–.

Las quejas no fueron suficientes

Un gran nombre de intelectuales y escritores criticaron esta sinrazón, como por ejemplo Valle-Inclán en un par de escenas añadidas a la segunda edición (1924) de Luces de Bohemia, a través del personaje del anarquista catalán ejecutado de esta forma. Diversos diarios, como Solidaridad Obrera, la convirtieron en la fuente de sus críticas y muchos parlamentarios republicanos dedicaron varios discursos a condenarla. Sin embargo, la ley estuvo vigente todavía durante el franquismo.

Si queréis saber más cosas sobre la ley, os recomiendo que leáis Nunca serás inocente. Aquí os dejo un fragmento

Aquel incidente inauguró la llamada ley de fugas, defendida por el gobernador Anido, que permitía disparar a los presos que intentaran fugarse. La policía simulaba huidas de reclusos durante las detenciones o los traslados y los mataban vilmente, sin haberles sometido a un proceso judicial. Una excusa perfecta para aniquilar a los ciudadanos que consideraran un estorbo. Varios diputados criticaron la ley en el Congreso, los diarios conservadores tildaron de injustas las fechorías del gobernador Anido e intelectuales como Unamuno criticaron abiertamente la práctica y a su impulsor. Sin embargo, el gobierno miraba hacia otro lado y la ley se cobró muchas vidas aquel mes de febrero. Los presos gubernativos temían los traslados, se negaban a ser movidos de noche y se sentían desprotegidos.

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