Josep Santpere, el monarca republicano del Paral·lel

Son incontables los artistas que la avenida del Paral·lel vio nacer, crecer y alcanzar el éxito. Muchos de ellos tuvieron vidas apasionantes que se desarrollaron a la vez que el esplendor de la propia avenida y que sobrevivieron a conflictos, dictaduras y crisis económicas. Josep Santpere (Barcelona, 1875-1939) es un buen ejemplo, un artista todo terreno con una gran formación musical, muchos años sobre los escenarios a sus espaldas y que fue director de varias compañías teatrales a lo largo y ancho de Barcelona. El Paral·lel era su reino y, no en vano, recibió muchos motes, entre los cuales recordamos el de «el monarca republicano del Paral·lel».

 

Josep Santpere, un actor todoterreno

Para hacernos una idea de sus inicios, comparto un fragmento de la novela histórica La avenida de las ilusiones, de Grijalbo –también en catalán, L’avinguda de les il·lusions, en Rosa dels vents–:

Poca gente lo sabe, pero Pepet había estudiado solfeo y violonchelo. Su padre, que quizá aspiraba a que su pequeño fuera un músico conocido, lo apuntó como monaguillo en la Escolanía de la Mercè. De modo que Santpere era culto, refinado y talentoso, jamás fue un simple comediante. Era un buen ejemplo de la recurrente frase «Nacido para el teatro».

Años atrás, había debutado en un pequeño teatrillo de un centro católico de la calle de Girona. Necesitaban a un barítono y él dio la talla. Aquella noche ganó sus primeras pesetas como actor. Probó suerte en diferentes teatros menores de la ciudad, hasta que desembarcó en el Còmic del Paralelo. Supongo que entonces no podía imaginarse las feroces e injustas críticas que luego recibió ni que acabarían llamándole «el rey del Paralelo», título que se disputó con Alady durante los años veinte.

Conocido también como Papitu Santpere o Pepet, fue impresor hasta que decidió dedicarse por completo a las artes escénicas. Su gran capacidad de improvisación lo acercaron cada vez más al vodevil, género con el que triunfó y destacó. Si al Gran Teatro Español lo llamaban «la catedral del vodevil» fue, en parte, por su gran aportación. Esa dedicación le valió las críticas de una parte de la élite cultural de la ciudad, quienes no le tomaban en serio o lo consideraban un actor de géneros menores. Nada más lejos de la realidad, lo que Josep conseguía sobre los escenarios no era sencillo ni fácil de mantener en el tiempo. Gran conocedor de los gustos del público, Santpere conectaba con él gracias al tono humorístico que empleaba y a la elección de las obras y, además, se dice que tenía una gran capacidad para adaptar las bromas y los tiempos de la comedia a los ánimos del día. Rusiñol bautizó su camerino como «el tranvía» porque siempre estaba lleno de amigos, conocidos y admiradores, ejemplo de su gran don de gentes.

 

 

Santpere también hacía drama

Josep aupó la carrera de Elena Jordi, actriz que terminaría triunfando con el mismo género–aunque ella consiguió triunfar luego por sus propios méritos– y también trabajó con otros grandes actores como Nola, Bozzo o Bergés. Fue el cabeza de cartel de varias obras pertenecientes a un subgénero propio de la ciudad llamado dramas realistas del distrito V, ambientados en el barrio chino y que sirvieron para dar a conocer la miseria y la ferocidad del Raval de la época a través de textos protagonizadas por prostitutas, pinchos y otros perfiles sociales del momento. En lo que al drama se refiere, también protagonizó L’auca del senyor Esteve, obra de Santiago Rusiñol basada en su novela homónima, o Baixant de la font del gat o Marieta de l’ull viu, de Amichatis i Màntua.

Activo hasta mediados de la década de los 30, murió en  1939. Como curiosidad, contaré que es el padre de la gran Mary Santpere.  Otro fragmento de la novela La avenida de las ilusiones que te dará una idea de su porte:

“Santpere cantaba zarzuela, protagonizaba dramas y divertía con comedias satíricas. Sin embargo, empezaba a encasillarse en el vodevil. Un actor con centenares de registros y una cantidad infinita de recursos sobre el escenario, un gran compañero y maestro. Era alto, delgado, y destacaba por sus manos grandes y contundentes, de una finura varonil.”

 

 

La avenida de las ilusiones

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