pistolerismo

el pistolerismo o cuando Barcelona era una ciudad de pistoleros

Estamos acostumbrados a hablar de los pistoleros del lejano oeste americano o de los gánsteres que se mataban con la policía en Estados Unidos con el objeto de mantener o ampliar sus negocios ilícitos; pero, en Barcelona, también existieron hombres con pistolas que crearon bandas para defender sus intereses e ideales. Bienvenidos al fenómeno del pistolerismo.

Entre los años 1917 y 1923, aconteció en Barcelona una guerra civil entre algunas de las facciones de los sindicatos por un lado y pistoleros pagados por la Patronal, sectores corruptos de la policía y el sindicato blanco llamado el Libre; por el otro.

¿Cómo surgió el pistolerismo?

Los años diez del siglo XX fueron una época de organización y consolidación del movimiento obrero en Barcelona. Eso significa que los sindicatos, sobre todo la CNT, aumentaron su influencia gracias a la ampliación de su base de afiliados y convirtieron las huelgas en una constante que les permitía ir ganando derechos para los trabajadores y que estos, a su vez, entendieran la utilidad de formar parte del movimiento. ¿El resultado? Años en los que se contaban más de 300 huelgas solo en Barcelona.

Ante el auge del sindicalismo, y los problemas que este suponía para muchos empresarios o, mejor dicho, para sus extremados beneficios; algunos patrones empezaron a contratar a pistoleros para amedrentar primero a muchos obreros y, después, para matar a los más radicales. A su vez, algunas ramas del sindicalismo se agruparon en bandas llamadas grupos de acción y, al cabo de poco tiempo, sustituyeron la defensa de sus compañeros agredidos por el ataque premeditado a empresarios como Jose Antonio Barret, que resultó muerto en un atentado. Los muertos empezaron a acumularse (sobre todo en el bando obrero), la crispación y la sed de venganza alimentaron el conflicto; y pronto se sumó al conflicto una policía tan mal pagada que sucumbía a los sobornos de algunos empresarios en detrimento de las libertades y la seguridad de los obreros.

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Cuando el pistolerismo explota

Es tras una gran huelga fallida convocada en agosto de 1917, que debía unir las fuerzas de la UGT y la CNT –las dos fuerzas sindicales más importantes del país–, cuando el pistolerismo se recrudece bajo la sombra de la Revolución Rusa –que asustaba a los patrones– y debido el hartazgo de los obreros por los continuos ataques que sufrían y que eran perpetrados por pistoleros de la patronal o de la policía.

Así, se suceden 6 años en los que mueren, de media, unas 150 personas de un balazo sobre las aceras de la Ciudad Condal, en los que los tiroteos eran una escena habitual en las calles de Barcelona, años de delaciones, traiciones, noticias falsas con las que los periódicos acusaban a unos y otros, redadas, planes, ataques y muchos obreros encarcelados. Fueron asesinados cenetistas como Evelio Boal o Salvador Seguí, el noi del sucre, o personalidades como el comisario Manuel Bravo Portillo, Francisco Maestre o el presidente Eduardo Dato.

Por poner como ejemplo uno de los episodios más brutales, personajes como el gobernador Severiano Martínez Anido aplicó arbitrariamente la ley de fugas, una norma que permitía a la policía disparar a matar a aquellos presos que intentaran escapar durante, por ejemplo, un traslado. Bajo aquel pretexto, la policía simulaba huidas de obreros para ejecutarlos sin juicio y sin pruebas.

 

En mi novela Nunca serás inocente disecciono este tan brutal como apasionante fenómeno, y podréis encontrar momentos como este:

A finales de abril del año anterior, La Banda Negra del di­funto Bravo Portillo había intentado asesinar al secretario del Sindicato Único de la Construcción, Pedro Massoni. Portillo pretendía convencer a los medios de que esa agresión había sido consecuencia de un ajuste de cuentas entre sindicalistas; no obstante, pocos le creyeron. Se dice que el ataque fue encarga­ do por un empresario ladrillero apellidado Mitats que quería eliminar a algunos de los cabecillas más combativos del sin­dicato.

Por contar una de las mil artimañas de König: su banda, heredera de la de Portillo, preparó varias bombas que estalla­ ron en los barrios céntricos de la ciudad durante el segundo lock-out, que tuvo lugar a finales del año anterior. Entre ellas había tres petardos de dinamita que explotaron en el interior de la Capitanía General y se cobraron varios heridos. La pren­sa culpó a los anarcosindicalistas, y gran parte de la población se lo creyó. Antes de que esos hechos tuvieran lugar, la banda de pistoleros de König operaba en la clandestinidad y no se conocía ni su estrecha relación con la patronal en general ni con su tesorero Joan Miró i Trepat, propietario de la empresa Construcciones y Pavimentos, en particular. Los grupos de ac­ción luchaban contra un fantasma y los periodistas les atri­buían todas las balas que se disparaban en la ciudad. A partir de aquella primavera, los crímenes de König empezaron a ser tan escandalosos y numerosos que, semanas después, comen­zaron a aparecer en los diarios.

Nunca serás inocente

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