El origen del Paralelo

El origen del Paralelo de los teatros no fue fruto de una decisión urbanística o empresarial, sino del azar. Veamos cómo esta avenida nació y se convirtió en el espacio de ocio teatral que evoco en La avenida de las ilusiones.

LA PROYECCIÓN DEL PARALELO

Ildefons Cerdà, arquitecto que proyectó el Eixample de Barcelona, diseñó varias avenidas de 50 metros de ancho –Gran Via, Meridiana, Diagonal– para que la ciudad estuviera bien conectada. Una de ellas fue el Paralelo, calle que debía unir el puerto de Barcelona –principal punto de transporte de mercaderías– con el centro de Catalunya y con la Meseta. Sin embargo, tras la caída de las murallas, muchos burgueses habían comprado un terreno en la zona para lucrarse y construir su residencia en el piso Principal.

Estos propietarios no esperaban esa amplitud para una avenida que imaginaron secundaria, así que presionaron al Ayuntamiento para que redujera su anchura. Así nace la Llei de porxos (1882) que establece lo siguiente: la avenida tendrá 40 metros de ancho para el transporte y 5 metros de porche a lado de la calle. De esta manera, la avenida ganaba 10 metros en total para los transeúntes, sobre los cuales, los burgueses podían construir sus pisos con cinco metros más de margen.

Sin embargo, la ley cometió un error: estableció tres modelos de porches diferentes y la obligación de que todos los propietarios de una misma manzana se pusieran de acuerdo y construyeran el mismo diseño de columnas. Esa norma condicionó el devenir de la avenida: los burgueses no se ponían de acuerdo y los años fueron pasando sin que apenas se edificara.

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LOS PRIMEROS TEATROS DEL PARALELO

Con la caída de las murallas, muchos teatros, circos y feriantes que se repartían por los alrededores del actual Passeig de Gràcia, se quedaron sin terrenos donde llevar a cabo sus espectáculos y vieron en el Paralelo, un lugar sin construir debido a las desavenencias de sus propietarios, un espacio en el que establecerse provisionalmente. Así, el primero en instalarse fue El Gran Circo Español, datado del 1892.

Hablamos de paradetas y teatros de barraca, de madera, austeros y pensados para durar pocos años. Su cercanía con el puerto y con el Distrito V –el actual Raval– los situaron pegados a una zona donde el juego, la prostitución y los bares constituían un negocio consolidado. Llegó la farándula y encontró a su público.

Cada vez aparecieron más teatros y, a principios del siglo XX, ya eran casi una veintena los que ocupaban la calle. El negocio era creciente y parecía fructífero y, de hecho, en la década de los años diez ni se planteaban derruir unos teatros que, poco a poco, dejaron atrás la madera para construir salas profesionales con grandes capacidades. No en vano, en 1902, se definió una ordenanza municipal de cobertizos provisionales que legitimaba los locales construidos en la avenida hasta que se solucionara el tema de los porches. Comparto un fragmento de La avenida de las ilusiones donde se describe esta realidad:

“Cuando los vi por primera vez no podía imaginar que me hallaba ante los verdaderos protagonistas del Paralelo: el Condal; el Pabellón Soriano, apodado el Suri; la Pajarera Catalana, que luego se llamó Petit Moulin Rouge; el Español, el Nuevo, el Apolo, el Arnau, el Cómico… Los grandes, uno detrás del otro. Algunos eran aún barracas provisionales y otros, edificios de sólidos materiales, pero todos ellos interpretaban la melodía principal de la avenida”.

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LA AVENIDA DE LAS ILUSIONES

La avenida se convirtió en un referente del cabaret y del teatro a nivel europeo tal y como cuento en este otro artículo. Nombres como el Español, el Victòria, el Nou o el Arnau pasaron a la historia de las artes escénicas, así como figuras como Raquel Meller, Josep Santpere, Elena Jordi o la Bella Dorita. Finalmente, en 1929 se derogó la Llei de porxos quedando el paralelo tal y como lo conocemos ahora. Veamos un fragmento de La avenida de las ilusiones en el que hablo sobre este cambio:

“Por aquel entonces apenas quedaban teatros y cafés de barraca, pero los barceloneses de bien consideraban que todos los escenarios ubicados fuera de las Ramblas y el paseo de Gràcia eran antros de perversión. Yo me negaba en rotundo. No deseaba que mi voz se diluyera entre las conversaciones de lerrouxistas, comu- nistas, anarquistas o algún otro «ista» que desviara la atención del público.”



UNA AVENIDA CON TRES NOMBRES

Para terminar, mencionar que el Paralelo tuvo tres nombres diferentes. En los planos de 1874 ya se lo mencionaba como Gran avenida del Marqués del Duero, nombre que llevó desde su origen hasta 1979, año en que pasó a llamarse oficialmente Avinguda del Paral·lel. Solo hubo una pausa en ese período, pues durante la II República tomó el nombre del político y abogado obrerista Francesc Layret. A pesar de la gran cantidad de años en los que la calle llevó el nombre de un marqués, la población se refería a ella como el Paralelo.

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Si quieres descubrir a La Bella Dorita o otra de la muchas personalidades del Paralelo de principios del siglo XX, te invito a leer mi novela La avenida de las ilusiones –Grijalbo– o, en catalán, L’avinguda de les il·lusions.

La avenida de las ilusiones

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