El Café Español, una de las joyas del Paralelo de Barcelona.

A principios del siglo XX nació en Barcelona uno de los cafés más emblemáticos de la historia de la ciudad, El Café Español. Ubicado en la avenida del Paralelo, colindaba con el Gran Teatro Español y estaba situado en el epicentro de la zona de teatros y cafés concierto.

Podríamos definir al Café Español como un local inmenso y abarrotado de mesas y cafeteros que acudían de todas las partes de la ciudad para tomar un copa y escuchar música en directo. Era conocido por su enorme terraza, que ocupaba la mayor parte de la manzana y que estaba siempre a rebosar independientemente de si hacía frío o calor.

El solar, arrendado originalmente por un fotógrafo cuyo negocio hizo fallida, fue ofrecido a Josep Carabén padre e hijo, este segundo llamado «Pepet», quienes convirtieron un pequeño establecimiento en un notorio punto de encuentro y golfeo. Pepet fue adquiriendo los negocios adyacentes hasta que un incendio quemó el café y el teatro en 1907. El empresario hizo entonces una fuerte inversión en el Café y absorbió el resto de la manzana para reinaugurarlo en 1909 como una gran nave de alcohol y música.

 

Café Español

Interior del local

El Español estaba 24 horas abierto y acogía a una fauna Barcelonesa tan vario pinta como dispar. Artistas, obreros, anarquistas, feministas gitanos, pintxos, actores y actrices, marineros, miembros del hampa, del ayuntamiento e incluso burgueses trasnochados se encontraban bajo su techo. Era un espacio donde se debatían las obras del momento pero en el que se hablaba de política y lucha obrera. Seguramente por eso, fue frecuentado por anarcosindicalistas como Salvador Seguí, el noi del sucre, quien, por ejemplo, había usado el local para mítines políticos o para impartir nociones de higiene para las prostitutas del distrito.

Para haceros una idea, comparto un fragmento de mi novela histórica La avenida de las ilusiones, publicado en Grijalbo, –también en catalán, L’avinguda de les il·lusions, en Rosa dels vents–, en el que leeréis una descripción del ambiente de la época:

 

«Después, y como era habitual, nos acercamos al Café Español. Echo de menos la inmensa nave de más de un centenar de mesas redondas alrededor de las cuales se amontonaban obreros e intelectuales de la ciudad, gitanos, cancerberos de las casas de juego y trabajadores del puerto. La mezcla, la bizarra convivencia de mundos tan diversos, convertía el lugar en una torre de babel social. Alcohol, tabaco y humanidad componían el aroma con el que se brindaba.

 

Los grandes ventanales de madera, verticales, llegaban hasta el techo iluminando durante el día las palabras y los deseos de los cafeteros o enmarcando, por la noche, sus pecados y disputas. En el Café Español se podía ver a lerrouxistas, anarquistas e incluso monárquicos soportándose unos a otros gracias a las copas y al buen ambiente que en él reinaba. Y es que el propietario, Josep Carabén, era un mago de las relaciones sociales.

 

Josep confiaba en la condición humana y, sobre todo, en el bolsillo de sus clientes. Tras una barba cuidada con minuciosidad, unas elegantes gafas y un peinado siempre correcto, se agazapaba un hombre con centenares de caras. Me divertía cuando Josep, Pepet, proclamaba la república independiente de su bar. Carabén reconstruyó el local después del gran incendio que afectó al café y al teatro, y quiso que no se instalaran puertas en él. Su local debía ser «la casa de todos». Fue refugio de dramaturgos de poca monta, músicos desconocidos y actores que querían intercambiar ideas y tópicos ejerciendo el deporte nacional: las tertulias carentes de sustancia que el alcohol suscitaba.»

 

Por supuesto si queréis leer más sobre la época, en la novela encontraréis un apasionante historia en la que se relatan todos los tratos, géneros teatrales y cafés de la época.

La avenida de las ilusiones

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