Salvador Seguí

El asesinato de Salvador Seguí, hecho clave para nuestra historia

Salvador Seguí (Lleida 1887 – Barcelona 1923), también conocido como el noi del sucre, era pintor de profesión. Pasará a la historia como una de las figuras claves del anarcosindicalismo catalán, un hombre de consenso, de lucha pacífica y de vinculación profunda con el movimiento obrero y sus simpatizantes.

¿Quién era Salvador Seguí?

Dicen que la voz de Salvador Seguí era tan gruesa como su cuerpo y que, cuando hablaba, imponía tanto respeto como cercanía, pues su calidez personal lo hacía de carácter amigable. Seguidor de la Escuela Moderna de Ferrer i Guardia y de autores como Kropotkin o Sorel, fue un gran defensor de la formación y educación de la clase obrera.

Se le considera uno de los impulsores de Solidaridad Obrera primero y, luego, de la CNT, así como una figura clave para las relaciones entre el movimiento obrero de Barcelona y el de Madrid. Elegido secretario general de la CNT de Cataluña en el Congreso Regional celebrado en Sants, en 1918, Salvador Seguí siempre se opuso a las acciones más violentas y radicales de algunos sectores del sindicato.

Estuvo varias veces en la cárcel por defender sus ideales como, por ejemplo, durante la huelga de la Canadiense (1919), un paro gracias al que se consiguieron las 8 horas laborables por día para todo el país y en el que tuvo un peso importante en su resolución. En 1920, fue deportado unos meses al castillo de la Mola (Mahón) junto a personalidades como Lluís Companys.

Salvador Seguí, un revolucionario asesinado

En 1923, en un momento en el que el movimiento obrero estaba en horas bajas tras los meses negros propiciados por el gobernador Severiano Martínez Anido, que impuso un clima de terror en la ciudad; Salvador Seguí fue asesinado de un tiro en la esquina de la calle Cadena con Sant Rafael, en el barrio del Raval de Barcelona. Se dice que sus asesinos fueron pistoleros blancos del Sindicato Libre, y que lo ejecutaron como represalia por el asesinato del dirigente del Libre José Martí Arbonés, empleado de banca, ocurrido pocos días antes. Sin embargo, no está claro quiénes fueron los responsables de su muerte.

El asesinato de Salvador Seguí supuso un punto de inflexión para el movimiento, la chispa que encendió de nuevo el fuego de los sindicatos. El noi del sucre era una figura muy querida, un estandarte de la paz, una persona no solo preocupada por la emancipación de la clase obrera, sino también por su educación y su felicidad. El empuje que causó su fallecimiento duró unos meses en los que aconteció la huelga de transportistas de 1923. El entonces capitán general de Cataluña, Primo de Rivera, entendió durante la misma que Barcelona era ingobernable. Meses después, dio un golpe de estado.

La muerte de Salvador Seguí

En mi última novela, Nunca serás inocente, este hecho histórico cobra una gran importancia dentro de la trama. Comparto un fragmento que describe la muerte del mismo:

—Dicen que Salvador había recibido varias amenazas de muerte en los últimos días —comenzó diciendo mi hermano a la puerta de la sala de estar—. Ayer estuvo en El Tostadero jugan­ do al billar y, al terminar la partida, se fue porque tenía una reu­nión con obreros del ramo de los vidrieros. Lo acompañaba Francesc Comas, a quien llaman «el Paronas». Pues bien, de camino entraron en un estanco para comprar tabaco, o en un bar, no lo tengo claro, y cuando salieron, les dispararon sin pie­ dad. Seguí cayó muerto al instante y el Paronas sobrevivió, aun­ que está muy grave en el hospital. Según dicen los testigos, fue­ ron los cabrones del Libre. —A medida que Gabriel avanzaba en su relato crecía el fervor de su rabia—. Algunos vecinos que presenciaron el asesinato han identificado a Feced; pero nada se sabe sobre quién los contrató. Se comenta que la patronal tiene miedo del resurgir cenetista y por eso ha querido quitar de en medio a uno de nuestros mejores hombres. Me cago en la leche, lo han matado como a un perro. Seguí siempre había defendido la vía pacífica y ahora está muerto.

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